La mayoría de las personas necesitan un testigo de su vida, una certificación de que la existencia no es en vano, quizás porque intuitivamente saben que aquello que consideramos ”nuestra vida” es un leve suspiro, un soplo de aire invisible que nos permite vivir…un aire que lo inunda y llena todo, cada uno de los órganos de todos los seres vivientes, de todos los reinos animales y vegetales, desde la diminuta célula, a la ballena, incluída la respiración del planeta. Cada existencia pulsa a su ritmo, en la polilla que vive un solo día late su corazón a tal velocidad que deviene una vibración tan rapidísima que se vuelve imperceptible ¿has atrapado alguna vez una mosca entre tu mano cerrada? esa vibración de sus alas se asemeja. En el corazón de la sequoia un latido dura la vida de un hombre, en el latir de la tierra el pulso se mide en eones.
Es esa infinitud sobrecogedora la que nos da miedo, imaginamos que la existencia es otra cosa, repleta de acontecimientos, colores, risas, alegrías, dolor, sentimientos, emociones, compras, aprendizajes, sufrimiento…todos los libros escritos hablan de la existencia, no del vacío. El vacío es como asomarse a un abismo oscuro, porque así nos lo han dicho, enseñado…la nada, la negritud insondable, la muerte.
Aunque en el fondo sabemos que es lo opuesto, el vacío es la matriz, el vientre que acoge y del que surge toda existencia…de la oscuridad surge la luminosidad que es la conciencia de existir, la luz nos permite ver la vida y disfrutarla…y como queremos que dure siempre tememos su final…y queremos que alguien testifique que hemos vivido, apuramos las copas dulces de ambrosía y de veneno y nos aferramos a la vida, a veces con miedo a morir, a veces con miedo a vivir. Las enfermedades, los sufrimientos, las alegrías, son las cicatrices, el sello en el pasaporte de que has estado aquí. De todas las películas, la mejor sin duda la de nuestra vida, lo que hemos hecho y sufrido, lo que no nos cansamos de repetir una y otra vez a los demás, como si eso le confiriese mayor realidad y solidez a nuestra historia. Guardamos recuerdos, acumulamos fotos, memoria material, huellas de nuestro paso . Y todo ello porque sabemos que somos algo más que un cuerpo, ese algo que no nos atrevemos a mirar…porque hay que mirarlo sin forma, sin lo aprendido, sin individualidad, limpiamente, inocentemente…La burbuja en la cresta de la ola tiene miedo a morir, aunque ha olvidado que regresa a lo que nunca ha dejado de ser, el mar infinito. Durante un tiempo la burbuja se veía como una entidad y eso lo confirmaba la visión de las otras bolitas en la espuma ¡estamos vivas! Cabalgan las olas alegres al sol y destellos arcoíris reflejan sus esperas luminosas de cristal…ven la curvatura de la onda acentuarse y caer hacia el agua azul…un relámpago de temor a desaparecer estalla, es la luz del rayo que ilumina la alegría infinita de volver a casa.
La superposición cuántica es un principio fundamental de la mecánica cuántica que sostiene que un sistema físico, como pudiera ser un electrón, existe en parte en todos sus teóricamente posibles estados de forma simultánea. Aunque al medirlo da un resultado que corresponde a solo una de las posibles configuraciones (Wikipedia).
Eso lo demostró empíricamente Schrodinger y el experimento del gato. El gato encerrado en una caja, expuesto a una aleatoria posibilidad de morir envenenado, está literalmente vivo y muerto mientras no se abre la caja. No existe como vivo ni como muerto ¿Entonces? Si no es una cosa ni la otra, no existe. Existe solo cuando un observador abre la caja y lo mira.
Lo que da sentido a la vida y al mundo es nuestra mirada. La única que experimentamos. Solo para nuestros ojos.
© Q.M.
