Llega una etapa en la vida en la que un día es una medida de tiempo cargada de infinitos acontecimientos, no siempre positivos, no siempre negativos. Y si al tomar una taza de café, contemplar la perfección de una flor, sonreír sin motivo alguno, o derramar unas lágrimas de dolor por alguien que se ha ido…si sientes que es lo más importante que está ocurriendo en ese momento, vívelo. Y cuando acaricias ese instante, este se transforma en eternidad, el latir palpitante de la existencia, y entonces ocurre que es la vida la que te acaricia a ti y te regala ronroneos de felicidad.
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