Nubes v2

“Es un monólogo del último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo aragonés. Entre “la lluvia amarilla” de las hojas de otoño que se equipara al fluir del tiempo y la memoria, o en la blancura alucinante de la nieve, la voz del narrador, que está a las puertas de la muerte, nos evoca a otros habitantes ya desaparecidos y nos enfrenta a los extravíos de su mente y a las discontinuidades de su percepción en el pueblo fantasma del que se ha adueñado la soledad».

La lluvia amarilla, de Julio LLamazares. Ed. Seix Barral.

         A veces, sentado ante el ordenador, me pregunto si esto que escribimos y compartimos son conversaciones o simplemente monólogos. Me pregunto si buscamos respuestas al otro lado de la pantalla, o simplemente el hecho de escribir es la respuesta a la pregunta no formulada. No en vano alguien dijo, sabiamente, que las respuestas surgen del mismo lugar de donde provienen las preguntas. De nosotros mismos. ¿Entonces? Quizá es que ver nuestros propios pensamientos alejados, proyectados fuera, nos permite percibirlos y comprenderlos mejor. Los árboles no dejan ver el bosque. Nos acercamos algo tanto a la vista que se torna borroso, pierde los contornos, se convierte en una pintura impresionista, si la aproximamos más se convierte en una mancha abstracta de color.


“El anciano  está sentado en un banco viejo y gastado, que nunca conoció la pintura, a las afueras del pueblo. Inmóvil como una estatua, su rostro y sus manos son del mismo color castaño de la madera, sus dedos son sarmientos resecos. La mano temblorosa apoyada en su muslo revela que no es una gárgola, con la otra mano cubre sus ojos del resplandor del cielo. Escruta las lejanas nubes tratando de distinguir formas conocidas, como antaño solía hacer con su mujer, Eloísa, en el mismo banco. Ella era maestra y le enseño los nombres de las nubes, los cúmulos, los cirros…y de las demás hace tiempo que no los recuerda. Él, a cambio le enseño el lenguaje de las vaporosas nómadas, cuando indicaban lluvia, cuando había que plantar las habas y los guisantes, la nube solitaria sobre el lago que anunciaba nieve, y muchos conocimientos ancestrales que a ella le causaban admiración. Le llamaba cariñosamente: “Paco, mi astrónomo rural”. Cuando Eloisa se quitó la vida le parecía verla allí en el firmamento, mirándolo, sabía que lo encontraría allí.  Y hablaba con ella, aunque nunca respondía.

Su mirada navega entre gasas deshilachadas y espumosos algodones flotando en un mar azul, sus pensamientos en calma ya no se agitan buscando respuestas. Hace tiempo que no tiene preguntas, hace tiempo que en las nubes no se le aparece su cara”.

 Queremos entender y comprender los mecanismos de la existencia y por ende del mundo en que vivimos, pero la vida no es estática, ni lo son los seres que nos rodean. Nada es predecible aunque parezca probable. Es como intentar mirar el cielo y saber la forma que tomarán las nubes en el minuto siguiente… pero a esto se suma que cada cielo tiene sus nubes y lo que veo yo no es lo mismo que ves tú. Vemos el mismo azul de la pantalla pero no las mismas figuras, ni la misma película. Lo parece en ocasiones pero la banda sonora es distinta, está compuesta por nuestra historia y nuestras emociones.

Vemos el mar azul, color zafiro, turquesa, glauco, celeste o con tonos esmeralda, y sin embargo si yo pido un cubo con agua azul del mar…¿Quién me lo traerá?

La realidad y la irrealidad…distinguirlas es como entender el lenguaje de las nubes.

© Q:M.

Hecatombe

Uno de los momentos más importante de los Juegos Olímpicos, en la Antigua Grecia, se producía al comienzo del festival con la “hecatombe”, el sacrificio de 100 bueyes en honor a Zeus (hekatom significa 100).

Descubro un titular antiguo de la prensa japonesa en Wikipedia. Estamos en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, en el escenario del Pacífico. Dos oficiales japoneses (se dan a conocer los nombres), de los cuales la Armada Imperial se siente orgullosa, compitiendo para ver quién mata primero con una espada, a cien personas. El titular en negrita habla de  «Récord increíble». Uno mata a 105 y el otro a 106.

Cortar el aire, Sanguinario, Giro, Golpe, Corte, Caída. Dolor, Grito, Lamento, Llanto, Gemido, Sangriento, Punzar, Quebrar, Romper, Amputar, Matar, Morir.

©Q.M.

Las arqueras del Grifo – Conclusión

Si has leído la entrada anterior ya conoces el origen y finalidad de las Arqueras del Grifo. Con motivo del mencionado evento me pidieron si podía crear un diseño con la calidad y definición adecuada para poder utilizarlo, básicamente para estampar en camisetas y así dar a conocer este tema.

Y ahora os mostraré el resultado.

 Solo hacer un inciso ¿Por qué un grifo? Según la Wikipedia:

«El grifo en el tiro con arco simboliza la fusión de la fuerza física (cuerpo de león) y la agudeza mental o espiritual (cabeza de águila), representando la vigilancia, la nobleza y la precisión.

Como guardián mítico de tesoros y asociado a Apolo, evoca al arquero que busca la maestría, la puntería certera y la protección de sus valores a través de la disciplina. 

Simbolismo Principal del Grifo en Arquería

  • Unión de Fuerza y Visión: Al combinar al león (rey terrestre) y al águila (rey aéreo), representa la necesidad de combinar un arco potente con una vista aguda y enfoque mental.
  • Vigilancia y Precisión: Los grifos eran guardianes incansables del oro. En arquería, esto se traduce en la atención al detalle, la concentración absoluta y la vigilancia de la técnica.
  • Nobleza y Valor: Históricamente utilizado en heráldica, simboliza el coraje del arquero y la nobleza en la competición.
  • Adversario del Caos: Se consideraban enemigos de serpientes y demonios, simbolizando el triunfo del orden y la precisión sobre el error”.

En la lucha contra el cáncer no hay tregua, ni rendición, solo una palabra, un objetivo a lograr, una flecha clavada en el centro de la diana. Una flecha con un nombre: Victoria.

El viaje del mamut

Como un mamut solitario,
bajo la nieve camina,
siguiendo luces del norte,
su destino nunca olvida.
Perfectamente encontrado,
en su andar no hay confusión,
él es el único camino,
el mapa impreso en su corazón.

Oh, mamut de la soledad,
bajo el cielo de la eternidad,
la aurora brilla en tu andar,
tu huella es un canto al despertar.
Bajo la nieve, en paz hallarás,
el fuego del alma que siempre está.

La aurora se desliza,
como serpiente de color,
se sumerge en el ocaso,
donde nace el nuevo sol.
Suspira el mamut en calma,
deteniéndose a soñar,
lleva dentro lo que busca,
su esencia lo guiará.

Oh, mamut de la soledad,
bajo el cielo de la eternidad,
la aurora brilla en tu andar,
tu huella es un canto al despertar.
Bajo la nieve, en paz hallarás,
el fuego del alma que siempre está.

La nieve cae como un abrazo,
cubriendo sus pasos en silencio,
y lo convierten en lo que siempre fue,
una imponente montaña blanca,
su legado en el tiempo.

Oh, mamut de la soledad,
bajo el cielo de la eternidad,
la aurora brilla en tu andar,
tu huella es un canto al despertar.
Bajo la nieve, en paz hallarás,
el fuego del alma que siempre está.
© Q.M.

	

Musguito

 Musguito

Bruno mira a través de la ventana empañada de vapor como cae la nieve, fuera hace frío, los carámbanos de hielo brillan convertidos en cristales dorados acariciados por el sol naciente, son los adornos de la navidad ya pasada. Un niño en la calle arrastra un trineo y canta una nana mientras acaricia un abeto diminuto abandonado junto a un contenedor de basura, de pronto se gira hacia él y puede ver sus ojos verdes como una hoja de menta de los cuales caen lágrimas de color esmeralda.

“¡Abuela, abuela!” llama sin apartar sus ojos del niño de ojos verdes.

La anciana acude alarmada, y mira lo que señala su nieto. Un anciano con una gabardina vieja y rota, los hombros y la cabeza cubierta de nieve, coge con dulzura un arbolito que aún conserva cintas plateadas de espumillón y lo deposita en un trineo de madera. Camina sobre la blanda nieve sin dejar huellas de sus pies y desaparece tras una cortina blanca de copos algodonosos arrastrando el trineo.

“Ven mi tierno retoño Bruno, siéntate junto a mí” le dice, mientras le hace sitio en la mecedora al lado del fuego. Las llamas se reflejan en las pupilas de ambos.

La anciana suspira profundamente tomando aire y su voz convertida en una melodía de campanillas de cristal y cascabeles surge de su boca.

Musguito, musguito, espíritu del bosque

Te ofrezco en mi huerto un rinconcito

Donde traer tus arbolitos, donde sanar su tristeza,

No todos los humanos os quieren mal…

© Q.M.

Homonimia

La homonimia, es la figura literaria por la cual una palabra o palabras pueden tener distinto significado, pero a la vez escritas y fonéticamente suenan igual. Un banco, puede ser para sentarse o una entidad financiera.

Japón…En muchos momentos de mi vida he estado en contacto con la cultura japonesa, filosofía, arte, deporte, idioma…y es en este apartado en el que quiero comentar lo que sigue, que no es más que mi curiosidad sobre el sonido de mi nombre y el significado en otro idioma completamente diferente, es como tirar del hilo de una madeja de lana…

En kanji, KIRIKO, se escribe así: 霧子 y significa “Hijo de la niebla” o “Niño de la niebla”. El primer ideograma es “niebla”, KIRI. El segundo es “niño” o “hijo”, KO.

Siempre se asocia la palabra kiri, con harakiri, el suicidio ritual japonés. Hara es vientre, Kiri es corte. Kiri tiene otros significados pero sería extenderme en exceso.

Por eso he cambiado el nombre del blog a Kiri, en parte porque mis padres siempre me han llamado así. Tu nombre es de los primeros sonidos que escuchas cuando eres bebé, la sonoridad te marca. Y el sonido, el verbo, la palabra es la vibración,  el lenguaje con el que se construye el mundo. Curiosidades…

I bambini perduti

Mi guardo allo specchio e dico all’immagine: 

«Dove sei quando non sono con te? 

Perso? 

Tale è il prodigio che evocano le parole, 

Un trucco di magia impressionante. 

E mi divido in due: 

Il lettore e il protagonista, 

Il cercatore e ciò che è cercato, 

Il forziere del tesoro e il pirata. 

Esterno e interno, 

Giorno e notte, 

Luce e tenebre, 

Tutto accade in me, tutto confluisce in me. 

Sono l’epicentro, 

L’occhio immobile del tornado, 

Attorno al quale gira il mondo. 

Mi piace l’avventura, gli ogri e i lupi, 

Le favole dei bambini perduti nel bosco. 

Le scrivo… 

E anche se sembrano smarriti, 

Sono sempre perfettamente trovati 

Perché sono fatti di me, 

Nascono in me e 

Svaporano in me. 

Sono il mio riflesso, 

Proprio come il sogno che ho fatto ieri sera. 

Nessun sogno ha mai abbandonato il cuore, 

Né un uccello può uscire dal cielo.»

Súplica a Neptuno

Acudo a ti Neptuno, señor de los mares y del reino sumergido, con una súplica:

Condúceme junto a ella, mi amada sirena, una vez más.

Nos encontramos una tarde soleada de verano, en la playa del océano de la existencia. Anclamos el navío del destino en la orilla de tu mar en calma y caminamos por las arenas detenidas del tiempo, sintiendo las caricias de las suaves ondas de cristal sobre los pies cansados del largo viaje.

Breves fueron los momentos junto a ella, los gránulos dorados de los minutos volvieron a caer sobre las huellas de nuestros pasos en la blanda arena de la memoria, hasta cubrirlos y hacerlos desaparecer en la playa desértica y árida del olvido. Cuando la mente sufre pérdidas quedan los recuerdos, eternos, esculpidos en el corazón.

Recuerdo y no olvido que nunca fuimos amantes, aunque nunca dejamos de amarnos. Era una certeza y una paradoja. Rememoro un pasado que no ha tenido presente. No habían tenido tiempo apenas de conocerse nuestros cuerpos sedientos, aunque los sentidos todo lo sabían para calmar la sed. Nuestras manos intuían y los dedos adivinaban secretos y caricias apasionadas que abrían puertas ocultas al amor. En nuestro pecho estaba el refugio, el fuego y la esperanza, la perla que se estaba formando en la ostra, el sol y el agua, tierra y semilla. Latía el corazón impulsando a las flores que esperaban para nacer bajo tierra y cuyo aroma ya impregnaba el aire, como una promesa de felicidad.

Mas el destino fue cruel, y fugaz e incomprensible. Se agitaron tempestuosas las aguas del mar de la vida dejándonos la miel en los labios, sin poder saborear el néctar del encuentro. No te culpo Neptuno, sé que tu ira no era hacia nosotros, simplemente te divertías, pero nos alcanzó la tormenta. Vi a los impetuosos caballos azules que arrastraban tu carroza, y la furia de su galope hacía rugir las olas y de sus ondulantes crines de espuma blanca saltaban burbujas de plata relucientes, las ruedas trazaban estelas que se elevaban convertidas en murallas de agua y sal. Tú reías a carcajadas, los truenos eran tu voz, con el pelo empapado y tus barbas agitadas por el viento. Los rayos surgían de tu tridente con cada sacudida de tu brazo. La lluvia era una cortina de cristal impenetrable.

Cuando todo hubo pasado y las aguas se calmaron, ella ya no estaba junto a mí. Y desde entonces la busco…y no la encuentro.

Mi navío es ahora un barco fantasma que navega sin detenerse nunca. No tiene puerto ni isla donde varar sino es en ella. Las velas están tejidas con los hilos del tiempo y los colores de la nostalgia. La proa se llama esperanza, la popa desesperación, ambas aumentan con cada puesta de sol que se oculta bajo el horizonte.

Ayúdame a encontrarla de nuevo…

Ella es una hija de tu reino marino sumergido, de agua y sal son tus olas, igual que mi llanto. Lágrimas de nácar, corazón de coral, sangre en las venas, da igual, somos hijos de la misma tristeza.

Veo nuestros cuerpos separados, danzan tristes canciones en playas solitarias, y mi corazón emite su canto, un lamento de su ausencia, una llamada silenciosa a través de las edades de la vida y los mares grises. Mi alma con las manos tendidas la busca navegando entre las brumas y claroscuros de tu reino acuático.

Ayúdame a encontrarla de nuevo…

Pantera negra

La mente es una entidad abstracta, me recuerda a una biblioteca,  una biblioteca vacía y sin libros cuando eres niño…. El proceso de aprender, la educación recibida, conforman nuestra personalidad, nuestra individualidad, nos  considerarnos únicos y singulares “yo soy asi”, todo conocimiento recibido del exterior, de otros,  es aprendido, nuestra mente se apropia y lo hace suyo…el pensamiento son los libros que llenan las estanterías a medida que vamos creciendo. La mente se convierte así en un enorme trastero, donde se acumulan nuestras posesiones mentales…que suelen ser las ideas o pensamientos de otros que hemos adoptado como verdaderas, el bien y el mal, lo justo e injusto, la verdad de unos y otros…el amor.

Buscamos el amor  en  selvas lejanas, como cazadores furtivos tras  un animal exótico y valioso, pero no lo podemos encontrar y atrapar, porque el amor no es una presa, un trofeo, un premio, ni tan solo es un pensamiento,  no podemos encerrarlo y estudiarlo en la jaula de nuestra mente, es como tratar de capturar  la sombra que camina delante nuestro cuando dejamos  el sol a nuestra espalda, más corremos para alcanzarla más corre ella.

El amor no es la presa, no, es lo opuesto. Camina a nuestro encuentro, nos rastrea y observa, es el cazador, la pantera negra que acecha y espera el momento oportuno para saltar sobre nosotros y devorarnos. Camuflada en el más impenetrable y insospechado de los lugares, en las profundidades del corazón dónde nadie la busca jamás…

Y sentiremos erizarse el vello de nuestro cuerpo al presentirla, y a sus garras desprender las queridas y pesadas capas grises de nuestra personalidad y nuestros miedos, hasta quedar completamente desnudos y sentir las afiladas uñas rozar  nuestra piel estremecida,  hasta dejar al descubierto nuestro corazón palpitante y puro. Surge el sentimiento, la generosidad de ofrecerlo como alimento, pero la pantera no abre la boca, lo mira fijamente con sus pupilas azules…Algo se agita dentro, entre latido y latido, emerge una mariposa, una emoción que despliega sus delicadas alas de oro y vuela hacia el cielo hasta fundirse con el sol convertida en un rayo de luz.

La sombra se detiene, el cuerpo se gira hacia el sol y camina a su encuentro. La pantera lo sigue.

Pétalo

La rosa deja de existir cuando se desprende el último de sus pétalos, su extraordinaria y conmovedora belleza surge de su fragilidad y sobre todo de su efímera vida. La sensibilidad es la emoción que perciben los ojos del corazón ante la belleza, es la comprensión de que la rosa no durará, ni nosotros duraremos siempre, por ello nos conmovemos. Y esa revelación afecta al tiempo y captura ese pétalo que nunca caerá al suelo ni se marchitará, ni se perderá en el olvido sino que formará parte del lecho, cubierto de emotivas flores invisibles que desprenden aromas de felicidad eterna, donde reposa nuestro corazón.