¿Habéis escuchado alguna vez la expresión: «La belleza salvará al mundo»?
¿Os habéis preguntado qué significa?
Esta es una de las más célebres frases de Dostoievski. La podéis leer en “El idiota”, aunque poquísimos han comprendido el verdadero significado. En cambio, muchos creen que estas palabras son un simple homenaje a la belleza. Pero no es así. ¿Qué os está diciendo en realidad Dovstoievski?
Vamos a ello. Pensad en las cosas que experimentáis cuando miráis un cuadro de Caravaggio o de Miguel Ángel. Cuando observáis una puesta de sol. O un paisaje tan hermoso que os corta el aliento.
Sentís una sensación de bienestar, de placer, pero también algo más. Un sentimiento más profundo. Pero también más sutil. Mirad esta Venus de Botticelli. Mirad sus ojos, sus cabellos, su rostro. ¿Qué emociones os transmite?
Una suave, irresistible dulzura que os hace pedazos el corazón. Os sentís encantados, estupefactos, conmovidos. La gran belleza tiene siempre el poder de conmover.
«Donde hay belleza hay también compasión por la simple razón de que la belleza debe morir».
Cada momento puede ser el último para nosotros, porque somos mortales.
Cuando contemplamos un amanecer que se refleja en las aguas del mar. Cuando vemos en el rostro de un hombre, de una mujer, una belleza irresistible, dentro de nosotros sabemos que aquel momento no volverá. Esto es lo que os está diciendo Dostoievski. Es la compasión que nace en nosotros gracias a la contemplación de la belleza la que salvará al mundo. O mejor aún, salvará al hombre.
La belleza que los medios de comunicación os venden, a cambio, es la belleza plastificada. Producida en serie. Porque el hombre para ser un buen consumidor debe, ante todo, creer que es inmortal.
En una sociedad que ha hecho del egoísmo una moda y del consumismo un arte, no hay más espacio para la poesía, para pensar en el otro, para sentir. No existe ya el tiempo para vivir.
Pero, si en vez de dejaros vivir, como hacen tantos, os embriagáis de la belleza, de la naturaleza, del arte, de la poesía, no encontraréis en estas cosas solo una mirada estética, si no la raíz más profunda de la vida misma.
Maria Rayka Manieri

