Ojos en el cielo

―El pájaro de trueno ha venido para guiarlo al más allá, para que no se distraiga hablando con la gente que encuentre por el camino. Así por la noche lo podremos saludar.

― Me dijo un día que las estrellas son los ojos de nuestros antepasados que nos miran. Sus ojos son verdes como las hojas de yuca, no serán difíciles de encontrar. Los ojos en el cielo, los huesos en la tierra ―dijo, como queriendo fijarlo en la memoria.

Alfredo Rodríguez – Joven pastor navajo

―Así es, la carne y los huesos cumplen una función muy importante con la ayuda de La Mujer Cambiante. Se funden con la tierra, se convierten en vegetales  que nutrirán a la tribu a través de fértiles cosechas  y abundante hierba en las praderas que a su vez atraerán a las manadas de bisontes. Muchos de los vegetales  se convertirán en árboles. Los últimos antiguos a través de las raíces traen las palabras de los huesos que viven entre las rocas bajo tierra, las ramas y las hojas transforman las voces en flores y semillas que transportan los cuatro vientos, los pájaros y los insectos. Cada vez que te detienes a contemplar la belleza de una flor, disfrutas del sutil aroma de sus pétalos o saboreas la dulce pulpa de una manzana… alguien te está diciendo “te amo”.

―¿Alguien que existió y sabe de mi existencia, un antepasado?  ―preguntó.

―Puede ser alguien de los que llamamos ancestros nuestros o alguien que nunca hemos conocido. La tierra no tiene hijos ni padres, no tiene forma ni propósito, solo acoge las semillas, tanto de la calabaza como las del cactus, de la hiedra venenosa o los arándanos. y les ofrece sustento, amor. Y es el mismo amor de los hombres. Puede tomar miles de formas,  una caricia, una sonrisa, un olor…el perfume de la madreselva en una noche de verano es poesía pura, dulzura indescriptible ¿Y el canto de un ruiseñor? ¿Acaso no nos conmueve esa melodía incomprensible que nos estremece? Porque no hay palabras para describir ni la ternura ni la belleza…Y un beso…cuando seas mayor, recuerda estas palabras, descubrirás que es crear un universo mágico con el roce de unos labios.

© Q.M.

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