Tobías

Tobías regentaba una joyería en una calle cercana al centro. El oro, la plata y los metales nobles eran su materia prima, así como las gemas delicadamente talladas: diamantes, zafiros, rubíes, esmeraldas, topacios, entre otros. Le fascinaban los caleidoscópicos juegos de colores y reflejos que los rayos de luz producían al atravesar aquellos cristales. Disfrutaba al contemplar los diminutos arcoíris proyectados sobre una de sus manos mientras con la otra buscaba el ángulo de incidencia preciso. Cuando lo lograba, un escalofrío le recorría la columna vertebral; sentía pequeños pasos, insectos de luz iridiscentes recorriendo la palma de su mano. Incluso llegaba a sentir la tibieza cambiante de cada segmento de color sobre su piel. Los colores tenían vida, no tenía la menor duda.

Sin embargo, llegó la crisis. Se acumularon los impagos, un divorcio costoso y una depresión que lo sumió en la bebida. Cuando su caída en el abismo era inminente, ocurrió lo inesperado.

Era una tarde lluviosa, con el cielo cubierto por una inmensa sabana gris perla. Tobías apuraba su última semana en la joyería, malvendiendo las pocas existencias que los embargos le permitieron conservar. Los aparadores y estanterías estaban vacíos, con letreros de color naranja fosforito que decían «Liquidación total» en el escaparate. Una ráfaga de aire movió los escasos cabellos sobre su frente; reconoció el olor a bosque. Miró alrededor y no había ninguna ventana abierta.

Se acercó a la trastienda, apartando la gruesa cortina burdeos. Dentro, todo estaba en penumbra. Sobre la mesita redonda había una botella de whisky y un vaso, un frutero con dos manzanas golden y un paquete de galletas de chocolate. Al fondo, en el ángulo más oscuro, se encontraba el sofá de tres plazas donde dormía. Sobre el cojín que le servía de almohada relucían dos esferas opalescentes. No recordaba haber dejado aquellas gemas allí. Se acercó para verlas mejor y divisó el contorno impreciso de un rostro y dos pupilas de ámbar que lo miraban fijamente.

© Q.M.

(Fragmento de Tobías).

Continuará….

2 respuestas a «Tobías»

  1. Deseoso de leer la continuación. Me encantan los cuentos con tintes de fantástico.

  2. Me alegra saber que te ha gustado, es un género en el que todo lo imaginable puede ocurrir. A veces la fantasía no es más que una lente que nos permite ver una realidad encubierta. Gracias por el comentario.

Los comentarios están cerrados.

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