Tiene mala prensa, quizás debido a que es un poco el terror de los vecinos cuando escuchan el sonido inconfundible de un tambor retumbando en el inmueble. «Hemos apuntado a Manolito a clase de música, de percusión», nos dice la madre entusiasmada y sonreímos forzadamente: «Qué buena noticia, lo bueno que es para los niños aprender música». No podía ser un flauta como todo el mundo, pensamos secretamente.
En este caso no es Manolito, soy yo el que está en una escuela de música aprendiendo percusión. Y he comprado unos paquetes de algodón primorosamente envueltos en papel de regalo para repartir entre mis vecinos… 🙂
