El estado de sueño

El sueño que tuve anoche ¿Cuándo comenzó? ¿Tuvo mi consentimiento para surgir? ¿Cómo hice para que apareciera? Simplemente aconteció, igual que al pulsar el mando a distancia transcurren unas fracciones de segundo y aparecen en la pantalla oscura las imágenes coloreadas y vivas, aparece “el mundo”. El estado de sueño onírico, es un universo indefinible, sin localización, ni dentro ni fuera, no se conocen sus dimensiones, sus límites, ¿Dónde empieza, dónde acaba? ¿Puedo volver al sueño que tuve anoche? ¿Puedo continuarlo? ¿Puedo evitarlo? El sueño con sueños simplemente acontece, aparentemente en mí, por lo tanto podemos decir que es “mi sueño”, pero ¿Cómo hago que soy su dueño?, si él no me necesita, ni yo  soy su hacedor. Simplemente hay consciencia de su aparición en mí, ¿Quién soy yo?  ¿Dónde estoy yo? Yo no tengo un guión de la película que visionaré, ni he elegido a los actores con sus historias, y sin embargo no renuncio a su propiedad.

Recapitulando: El estado de sueño con sueños aparece en mi presencia,  constatar mi presencia es tener la certeza de mi existencia. Yo soy. En un momento dado del estado de vigilia se desconecta la mente, se pierde la conciencia del cuerpo y nos dormimos. Y surge el estado onírico. ¿Cómo hago yo que surja? Yo no hago nada, aparece espontáneamente la visión de  un mundo que me parece real y incluso mi identidad soñada actúa y reacciona de forma realista quizá de una forma más apática, no tan clara, como un borrador imperfecto de la vigilia. Es solo al despertar cuando hay consciencia de que ha sido un sueño, de que ha aparecido en mí, un universo cerrado, íntimo, no sé si ha transcurrido dentro o fuera de mí, si soy el contenedor o simplemente el contenido.  La aparición del sueño y del contemplador del sueño es simultánea.  No hay nadie más contemplando, soy el único espectador, consciente de mi existencia, de todo lo que aparece en ella. Soy lo visto, la visión y el veedor.

El estado de sueño con sueños es siempre el mismo, ayer es idéntico a hace 50 años o mil años, es una vastedad infinita, una pantalla inmensa, una matriz, sobre la que se proyectan los sueños, la película. Lo mismo ocurre con el estado de vigilia, siempre es el mismo, uno, con sus propias proyecciones. Es también cómo el silencio, siempre es el mismo, omnipresente, omniabarcante, para que el sonido sea, él debe estar primero, es la fuente, el origen y el final de la sonoridad.

Igual ocurre con los pensamientos, yo no soy mis pensamientos, ni hago nada para que surjan, ni puedo elegir su contenido, ni tan siquiera saber que pensaré de aquí cinco segundos,  todo es una emanación espontánea…que tiene su lugar en mí, pese a mí, sin intervención de mi voluntad. Aparecen simultáneamente, lo pensado, el acto de pensar y el pensador, aparentemente tres, realmente solo soy Yo contemplando mi propia manifestación. ¿Cómo hago que yo hago? Soñar, pensar, escuchar, respirar, ver, la digestión, la circulación de la sangre, el crecer del cabello, etc…¿Cómo hago que soy consciente de todo ello? No hago nada, no hay nadie que haga nada, la Consciencia aparece, la mente aparece, el pensamiento ‘yo soy el cuerpo’ aparece, y con él, la dualidad objeto-sujeto. ¿A quién aparece toda la manifestación? A mí. ¿Quién está detrás de esos ojos, mirando por ellos, leyendo esto…¿Quién hay? Si vuelvo la visión hacia atrás, hacia la nuca, la bóveda inmensa e infinita, el espacio de negritud y silencio…Me encuentro a mí mismo, a Nadie, Consciencia de la Existencia. Soy, sin ser nada definible, la Consciencia y su contenido, una y la misma cosa.

Pero no soy la Consciencia. La Consciencia es el estado ‘consciente de’, soy ‘sin estado’.

El Sin Estado, El Absoluto, no  tiene ningún tipo de atributos es lo que está subyacente tras toda forma y expresión de la Vida, es Silencio. De esa no-sonoridad, vacuidad plena, la imagino como un firmamento cálido, aterciopelado y vibrante, surge una Energía Primordial, creadora, una emanación del Absoluto. Esta Energía manifiesta a la Consciencia. La Consciencia es lo que me permite ser consciente  del cuerpo (surge el pensamiento “yo” o “yo soy el cuerpo”) y del mundo.  Y también manifiesta a la mente, el ego, soy consciente de los pensamientos. A través de la mente, como individuo separado, experimento la existencia dual sujeto-objeto. El Absoluto toma consciencia de sí mismo al experimentarse en todo este  proceso, ¿Cuál es la finalidad? : Saber qué Es.

Solo hay Uno, un experimentador, un veedor, un saboreador… Cuando  la Consciencia no está velada por los pensamientos y tiene cierta lucidez, se comprehende que la palabra Yo no sirve. No hay Nadie que pueda atribuirse nada. El Absoluto mira a través de millones de ojos de, aparentemente, infinidad de seres y no hay Nadie que diga Yo. En un banquete con miles de invitados comiendo, solo hay un experimentador del sabor, Nadie. Finalmente llegamos a darnos cuenta que todo el proceso de lo que llamamos nuestra Existencia es una manifestación del Absoluto, por lo tanto Todo es Existencia Absoluta, desde la hoja que cae, hasta la saliva de nuestra boca, las piedras en un camino, el sol, el sonido y el silencio, las ensoñaciones y los pensamientos, la fuente de ambos, etc…todo lo imaginable es la manifestación consciencial de todo lo inimaginable. Lo inimaginable es lo que soy, cuando ya no hay Nadie para nombrarse. Un día se comprende intelectualmente,  es el Yo el que lo hace, el rey de los pensamientos y del conocimiento, pero cuando se Es la comprensión definitiva uno Es lo que nombra. Ya no hay Nadie que deba comprender, ni hacer nada.

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