«He seguido atentamente la teoría del “dejar ir”, que Baricco describe de manera tan plácida y sencilla que parece posible.
Es tal como él dice: tendemos a vivir intentando retener las emociones, las cosas, las personas, llenar espacios, llenar vacíos, tendemos a trabajar duro para ser o parecer mejores. Es una sociedad que nos obliga a existir. Pero ¿quién dijo que para ser felices siempre debemos esforzarnos por conseguir algo o alguien? A veces la serenidad, que contiene el significado de cada pensamiento feliz, consiste simplemente en apoyar la libertad de los demás o en no oponerse al destino a cualquier precio.
¿Alguien a quien amas ya no te ama? Déjalo ir.
¿Un amigo no tiene tiempo para verte? Déjalo ir.
¿Alguien en quien confiabas te ha traicionado? Déjalo ir.
¿No puedes tener el coche de tus sueños? Déjalo ir.
¿No estás inspirado para hacer tu mejor trabajo? Déjalo ir.
Es increíble la cantidad de energía que desperdiciamos en cosas o situaciones que no dependen de nuestra voluntad. De nuestra capacidad de hacer que sean diferentes.
A veces nos empeñamos en ser comprendidos a toda costa. Si alguien se niega a comprender nuestro punto de vista, debemos dejarlo ir.
Dejar ir es liberador, tranquilizador, ligero. Sabe a caricia pasajera que se disuelve en el viento. Porque no todo está hecho para nosotros y no estamos hechos para todo lo que podemos desear o amar. Saber soltar es la clave para volver a uno mismo y no perderse.
Porque para permanecer firme en esta vida, a veces, hay que parar, retener, retenerse, simplemente dejarse llevar y dejarse vivir.
Déjala ir como va y como debe andar esta vida. Ya que todo lo que nos está destinado permanece o sabe cómo regresar.
Mientras tanto, cuando sea necesario, déjalo ir».
Alessandra Giuliani
