Morir de nostalgia, por algo que no has podido vivir nunca, es una tortura, la infelicidad del no olvido, porque no tuvo existencia jamás, ni en la mente como memoria, ni en el corazón como sentimiento. Vivir de nostalgia por algo que nunca se hizo realidad pero no obstante fue soñado, existe siempre en la felicidad del recuerdo —re-cordis—, porque vuelve a pasar por el corazón.
Leo en un blog:
-«Pero ¿Tú, tienes un deseo?»
-«Uno enorme, gigante, que tiene sabor a imposible. No es una ilusión sino una comprensión de que, aunque no pueda, para mí, siempre existirá».
