Las arenas del tiempo – Jaima III

La sangre se acelera, los corazones laten al mismo ritmo, las manos se encuentran, se tocan, dan palmadas de júbilo y marcan el ritmo alegre del encuentro, las risas son  cascabeles que tintinean como copas de cristal rellenos de fulgores de estrellas que asoman entre las purpuras curvaturas de tus labios húmedos y brillantes de deseo. Te acojo entre mis brazos, me acoges entre los tuyos,  siguiendo el compás de las olas, bailamos sintiéndonos, pegados, piel sobre piel desnuda ardiente y húmeda, balanceándonos sin dejar de abrazarnos. Yo soy tu cuna, tú eres la mía….cuna no de madre, sino nido de amante tejido con caricias, hamaca suspendida en el aire de cuerdas entrelazadas con sueños ternura y calidez, manos cóncavas que rodean el cuerpo y sus formas que recuerdan a frutas, plumas de pájaros de fuego y aromas de almizcle, manos que saben tocar que no solo tocan un cuerpo y lo incendian, sino que lo subliman hasta convertirlo en un núcleo incandescente de poesía y amor…Me siento sobre un gran cojín    rojo con adornos y filigranas de oro.

 Te sientas a horcajadas sobre mis piernas, me sacas la lengua burlonamente y sonríes pícara. Y la sed sabe que solo puede calmarse bebiendo el agua fresca del oasis directamente de tus labios entreabiertos, brillantes y rojos como cerezas. Y bebo de las copas de tus senos que mis manos toman con delicadeza y de las que liban el néctar de tu miel, los pezones erectos celebran el encuentro con mis labios y mi lengua con escalofríos de placer. Me aprietas la cabeza contra tus pechos, siento una cálida humedad fluir entre tus piernas y ello me enardece, se estira aún más mi deseo y encuentra la gruta salada que lo acoge por completo, y las olas van y vienen, aferrado con mis manos a tus nalgas siguiendo el compás. Tú me cabalgas como una amazona rodeándome con tus piernas y me ofreces tu cuello que beso y lamo y recorro con mi lengua hasta tus senos.  Te amo. Las palabras crean. Nos convertimos en un nuevo mundo, el nuestro, hecho de los cinco elementos: El aire, aliento que agita nuestros cuerpos gimiendo de placer y suspirando, la tierra cálida que nos sustenta, la carne que vibra bajo los dedos y se estremece, el agua que se agita y compone nuestros fluidos convertida en un oleaje salvaje que empuja las ondas de pasión en su vaivén paradisíaco, y el fuego convertido en crisol funde, aire, tierra, agua y los transforma en lava apasionada, magma líquido surgiendo de las profundidades de nuestro sexo volcánico, hasta que estalla elevándonos al cielo.

Y te acuno, me acunas, una y otra vez…abrazados, abrazados con las piernas, abrazados con  los brazos y las manos, abrazados con los labios, los sexos fundidos el uno en el núcleo derretido del otro, en un éxtasis infinito. Abrazados con el corazón.

—He soñado contigo en un mundo sin edad, desde la época de las fábulas y los cuentos, del Erase una vez, hasta los paisajes oníricos de Las mil y una noches. Ya te presentía, eras la emoción y las sensaciones que experimentaba, no tenías un rostro sin embargo no podría dejar de reconocerte al sentirte. Como se presiente la lluvia cuando el aire transporta el olor a tierra mojada.

—Shhhhhhhhhh….Pide un deseo —me dices

—El mismo que tú.

Sonríes. Nos besamos.

© Q.M.

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