Corazón de cristal

En mares de color turquesa, bajo las aguas, dormitan las dunas de arena como felinos satisfechos y sueñan recuerdos de lo que una vez existió. Ningún ruido turba su descanso, solo silencios rotos por burbujas de aire que ascienden perezosas para desvanecerse en la luz.  Fragmentos pétreos sumergidos, columnas, capiteles, obeliscos,  estatuas de miradas ciegas cubiertas de corales, colosales  restos de civilizaciones que el hombre ha levantado y destruido. Rocas, cuerpos y sangre han sido absorbidos por el molino del tiempo que todo lo tritura en su lento discurrir. En el periodo equivalente a mil vidas de un mortal, erosiona, desmenuza y pule cada fragmento rocoso, una y otra vez, hasta reducirlo a diminutas partículas de sílice que acaricia el mar en la playa.

Millones de granos de cuarzo  se abrazan unos a otros y se funden como cera derretida en el crisol del maestro vidriero. A través del fuego son transformados en una esfera candente, un diminuto planeta rojo recién surgido del caos sin forma. El aire penetra en su núcleo con el germen de un pensamiento humano que enfría y modela la delicada materia, hasta convertirla en un frágil y transparente corazón de cristal.

© Q.M.

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