El sufrimiento en las relaciones a menudo es un pajarillo atrapado en una jaula que llamamos amor, silba aparentemente feliz, es alimentado y querido, pero realmente es un prisionero que no puede volar. El sufrimiento quiere ser abrazado, comprendido, canta una canción triste reclamando nuestra atención. Cuando el dolor es escuchado los barrotes de la jaula se transforman en un cielo azul.

