Maudie,

Cuando las rojas ascuas se enfriaron en tu hogar,
Pájaros negros se alzaron de las cenizas convertidos en una nube oscura,
Trayendo la noche a tu vida.
Negritud que avanzaba enroscándose a los árboles,
como una enfermedad, devorando las formas
y cubriéndolas con sus alas de cuervo.
Consumiendo el color de las hojas,
marchitando los recuerdos felices.
Todo árbol, toda roca, todo lugar conocido han desaparecido
Convertidos en una masa sin forma.
Los rastros de vida se han vuelto invisibles,
cómo criaturas no creadas
Qué no han sido extraídas a la luz,
qué no han salido de la noche.
Crepúsculo muy negro, absoluta oscuridad,
los rostros no pueden verse.
La propia presencia ha perdido sus límites,
fundida en las sombras.
No tenemos forma, pero estamos aquí,
las tinieblas no nos disuelven.
En todas las direcciones que buscamos nos encontramos.
Hemos perdido los sentidos, no vemos, no oímos, no hay tacto.
Hay una plenitud inabarcable, una matriz palpitante, infinita,
Llena de vida que empuja, avanza lentamente y desea nacer.
Maudie,
Tus pinceles, siguen coloreando nuestra vida,
podemos sentir tu presencia y tu felicidad
en la intensa y gentil luz de tu mirada,
en los vivos tonos cromáticos de tu alma
donde se reflejan brillantes, puras y sin sombras,
las flores nunca marchitas que crecen en tu corazón.
© Q.M.

