El cubo de agua

El mar.

El conocimiento es como el mar: Infinito.  Acoge y nutre a todos los seres que viven en él, desde los más grandes a los microscópicos, desde los monstruos de los abismos a los simpáticos delfines….los seres que lo habitan son también el mar que como una matriz contiene toda su creación.  Es una sardina: Uno, y es al mismo tiempo totalidad de las formas de vida: Todo.

Existe el símil del buscador de conocimiento que se acerca a la orilla del mar a recoger agua con un recipiente. Más grande es el cubo mayor es la cantidad de agua que puede llevar consigo. El océano no le pide nada a cambio, simplemente está ahí en una disponibilidad absoluta, no es tacaño con lo que ofrece, regala siempre sin límite todo lo que uno pueda recoger. Y ello depende del recipiente que portamos.

La limitación la lleva consigo el que busca y en su ignorancia culpa al mar de lo poco que este le da. ¿Quién es el tacaño? ¿Quién tiene la culpa de llevarse poco?

No hay culpa de nadie, cada uno toma aquella cantidad que su condicionamiento le permite llevarse.

No hay tacañería, ni culpa, cada uno actúa según su propósito en la vida.

A menudo el tamaño del recipiente hace referencia al tamaño del Ego. El Ego siempre quiere más, se siente merecedor de más y mejor,  se siente especial y es, valga la  redundancia, muy egoísta: “Yo y lo mío” es su universo particular, su prioridad absoluta.  

Es  ese egoísmo, esa arrogancia, lo que no le permite comprender que toda el agua es suya si deja el recipiente “su posesión más preciada” y se sumerge en el océano…se convierte en él, grandeza e infinitud.

© Q.M.

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