No soy un escritor, eso son palabras mayores, en cambio sí que tengo la osadía de considerarme un contador de historias. A veces, muy pocas, me rodeo de calor humano en torno al resplandor y calidez de una hoguera. Aunque en la mayoría de ocasiones mis cuentos son jinetes solitarios cabalgando en la inmensidad acogedora de la noche.
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