De las principales causas que podían provocar la expulsión de la orden, el hermano Raimondo di Foligno no había escatimado ninguna: El voto de castidad lo rompió el mismo día que llegó de Europa y desembarcó en Nueva Orleans. Allí conoció a Jasmine, una voluptuosa negra. Nada más verla descubrió que su espíritu y su cuerpo se convertían a una nueva religión, las diosas de ébano, llegando a afirmar que Eva seguramente era de color. La orden le abrió un expediente severo por herejía. La acumulación de deudas en el prostíbulo lo obligaron a huir en dirección al oeste para salvar la vida. Recibió otra amonestación de su superior por no atender sus obligaciones sacerdotales. El voto de pobreza era innecesario cumplirlo porque ni tan solo tenía para comer todos los días, con lo que tuvo que recurrir a alimentarse de lagartos, serpientes, insectos repugnantes y nopales. La embriaguez y la violencia se hicieron sus compañeras habituales e iban siempre de la mano, la primera le quitaba la cadena que contenía y dejaba suelta a la segunda, la fiera que portaba dentro. Era alto, pesaba 100 kilos y poseía unos brazos musculosos y peludos que compensaban su calvicie absoluta. Llevaba una larga barba de ermitaño errante. Vestía la túnica marrón de la orden, ceñida con un grueso y anudado cordón blanco. Nunca se le vio con otra indumentaria, por ser la única que poseía. Pese al incumplimiento de las normas religiosas era una persona que no soportaba las injusticias ni la hipocresía, ni se fiaba de las palabras de nadie, fuese cristiano o pagano, rico o pobre, blanco o nativo. En Fénix encontró un día en un callejón a un anciano indio al que pateaban un grupo de colonos, con la clara intención de matarlo y robarle lo poco que llevase. Se enfrentó a ellos y en la pelea desigual, accidentalmente, uno de los agresores resultó muerto y los otros malheridos. Raimondo recibió una puñalada en el vientre. Amigos del viejo navajo lo llevaron a un lugar seguro y le cosieron la herida. Como resultado pusieron precio a su cabeza por asesinato, su cara fácilmente reconocible apareció en un pasquín. Fue expulsado de la orden sin más dilación. En cuanto pudo montar a caballo y siguiendo las indicaciones del anciano se encaminó al Cañón de Chelly. Lugar inhóspito donde abundaban las cuevas, un sitio considerado sagrado para los Navajo. Era el escondite idóneo donde desaparecer para siempre y retomar la escritura de sus crónicas del Nuevo Mundo.
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